Un Yarza auténtico en mi oficina

miércoles, 14 de octubre de 2009

Bueno, en realidad dos Yarzas, el Ibán Yarza de carne y hueso; y el otro Yarza es uno de sus niños, un pan. Estoy esperando con ansiedad poder llegar a casa y tocarlo a gusto, olfatearlo y abrirlo. Disfrutarlo, saborearlo, vivirlo. Hace mucho tiempo, muchísimo, que soy fan de Ibán y de su carpe diem elevado al máximo. Admiro su capacidad de paladear el momento. No creo que haya palabras para describir lo que he sentido cuando se ha tomado la molestia de venir ex profeso a mi curro a traerme uno de sus panes, hecho por él, por sus manos. Sin embargo, me quedo con la sensación agridulce de no haberle podido dar el achuchón que se merece, las gracias debidamente y un poco de conversación. Digamos que mi biblioteca no es el lugar indicado para ello, pero le he hecho prometer que se dejaría agasajar ;)


En fin, aquí está la criatura:




Qué bonito qué bonito qué boniiiiiiiiiiiiiito...